Tengo mucha fe en ti



Cuarto y último capítulo de la serie de Los Pecados de la Carne... Con la presencia de un monaguillo que bien hubiera podido llevarnos por la senda de la espiritualidad pecaminosa a nosotros también jajajajaja. Pase, vean y tóquense.


      



     


           


     




Mientras disfrtábamos de este episodio, se me vino a la mente un chiste que contaba siempre mi padrino. Él decía que su padre había entrado solo tres veces en una iglesia. «La primera vez, le echaron agua... La segunda, arroz... Y la tercera, tierra». Y remataba la historia aclarando: «A mí ya no me echaron arroz, así que no hace falta tampoco que me echen tierra». Zurdo hasta los tuétanos como era, el Emilio se jactaba con historias semejantes de su profunda convicción anticlerical. Y quizá su influencia familiar haya sido decisiva para lograr que a mí no me echaran siquiera agua. O sea que, cuando sea mi turno, mis restos también arderán en el fuego purificador, jeje.

¡Y lo contento que me pone esa certeza!

Imaginen lo que representa formar parte de una congregación en la que los superiores necesitan que un jovencito les sostenga un libro para poder leer, bajo la consigna de mantenerlo «firme y abierto». ¿O será que es pecado usar un mero atril durante la misa? ¿O será que cuando habla de «mantenerlo firme» se refiere a otra cosa?... Además, ¿el cura no es capaz de lavarse las manos por sí mismo? ¿Tampoco puede secarse solito? ¿Necesita en realidad que el muchachito lo haga? Todo el ritual es absurdo y sórdido a la vez. ¿Es cierto que uno de los deberes del monaguillo es quitarle las vestimentas al sacerdote? Supongo que se referirá tan solo a esa sotana de tan mala calidad (¡hasta se ajusta con velcro!), pero por cierto que da lugar a que el chicuelo siga quitando prendas y el sacerdote lo deje hacer, je. ¡Y ni hablar de eso de «mantener la vela siempre encendida»! ¿A qué vela se refiere?Llámenme malpensado pero esa frase me vino a la mente cuando el hermoso Carter ya estaba en cuatro patas sobre el altar, mirando la entrepierna del cura que ya lo esperaba con los pantalones bajos, jajajaja.

En verdad, este cuarto episodio no habría aportado nada nuevo a la historia si no estuviera estelarizado por el monaguillo, jeje. Desde el mismo momento en que aparece en pantalla, su sensualidad tan inocentona se roba el protagonismo por completo.

Por lo demás, el viejo cura pasa por un mero baboso abusivo, mientras Carter da muestras de que (al menos en cuestiones de sexo) ya no tiene nada nuevo por aprender.

Aquí, en BANANAS, celebramos a Carter 🤣😍🤣😍🤣


           

     

           

           



           


           

           

     


           

           

     

           

           

     


     

           

           

           

           

           


           

     

           

           

           

           

           


     

     



           

           

           


           

           

           

           


     

     

           

     

     


           

     


           


     








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