Gladiador



Esta serie la iniciamos con el episodio 2, que fue un verdadero éxito porque reunía los méritos necesarios para que así fuera. A la escena de muy buen sexo se le agregaba un guión que reflejaba una época no muy lejana que despierta los recuerdos de muchos que la vivieron entre el deseo y la incertidumbre (cuando no del pavor). Los demás capítulos cumplen con lo esencial de una porno (que es el buen sexo) pero se quedan a medio camino en cuanto a la conexión vivencial. Pero el episodio de hoy se destaca porque, quitando el excelente garche y los tremendos lomazos que harán las delicias de los amantes de la carne abundante, todo lo que cuenta está mal, jajajajajaja.

Se recomienda disfrutar de las siguientes imágenes con discreción y buen criterio y a efectos tan solo de inspirar una buena paja...

Material NO APROPIADO
como fuente historiográfica.


     

     

     

     






           

           

     

     


Partamos desde el inicio. Leemos en el sitio de Naked Sword:
Ansioso por venerar la perfección física de un verdadero gladiador, el gobernador griego Beau Butler ha elegido a William Seed como su conquista de la noche. Lentamente, el fornido funcionario se quita la palpitante verga de William y abre sus gruesas piernas para el guerrero. William, deseoso de complacer a Beau, introduce repetidamente su gran pene desnudo en el peludo ano del autoritario hasta que ambos eyaculan en la boca del otro .
Según se anuncia en el video, la escena se desarrollaría en la Atenas del año 150 A.C. Sin embargo, en ese año, no había gladiadores en Atenas. El espectáculo de la gladiatura era una costumbre puramente de la península itálica que los griegos de esa época consideraban un acto bárbaro, ajeno a sus tradiciones basadas en el atletismo y las artes. Los griegos celebraban competiciones atléticas olímpicas y panhelénicas, donde los hombres libres competían por honor y no por derramamiento de sangre. Veían los combates a muerte de esclavos como una brutalidad romana. En ese año, la provincia romana de Acaya aún no había sido creada, Atenas aun era independiente y funcionaba bajo sus propias instituciones y leyes. Los romanos no habían impuesto sus formas de entretenimiento. Estos espectáculos se introdujeron en Grecia mucho tiempo después (siglo I d. C.) e, incluso entonces, generaron un gran rechazo por parte de los filósofos más influyentes y de la sociedad en su conjunto.

A estos desajustes de fechas, de todas maneras, hay que agregarle algunos errores mucho más groseros relacionados con el modo de ser tanto de griegos como de romanos.

Estética e ideal heróico de los griegos
Al hecho de que los atletas griegos eran hombres libres se suma que en la Antigua Grecia tenían una cultura del cuidado y la estética corporal sumamente rigurosa, y la eliminación del vello corporal (tanto en el torso como en las piernas y la zona púbica) era una práctica habitual entre ellos. Destacar cuerpos velludos como los del «domino» (término latino anacrónico en la Grecia de entonces) y su esclavo es altamente inapropiado. Para los griegos, el cuerpo del atleta era la máxima representación de la belleza, la disciplina y el orden divino. El vello corporal se asociaba a lo salvaje, a lo inculto o a la vejez, mientras que un cuerpo lampiño, musculoso y brillante reflejaba juventud, estatus y civilización. 

Los atletas competían completamente desnudos (gymnos, de donde proviene la palabra "gimnasia"). Para resaltar la musculatura, las proporciones y la definición bajo el sol del mediterráneo, el cuerpo debía estar perfectamente liso. Además, los artistas de la época esculpían a los héroes y atletas sin vello corporal, fijando un canon de belleza que los propios competidores intentaban replicar en la vida real. 

Antes de entrenar o competir en el gimnasio, los atletas se cubrían el cuerpo con aceite de oliva y, a veces, con arena fina para proteger la piel del sol y el polvo y para mejorar el agarre en la lucha. Tener vello corporal convertía este proceso en una pesadilla higiénica (el vello atrapaba la suciedad, el sudor y el aceite, facilitando infecciones).  Al terminar, usaban un instrumento metálico curvado llamado estrígilo para raspar la mezcla de sudor, aceite y arena de la piel. En una piel depilada, el estrígilo se deslizaba con suavidad; con vello, el proceso habría sido sumamente doloroso.

Los métodos de depilación eran una tortura aparte, juas.

Dado que en esa época no existían las maquinitas de afeitar modernas, los métodos para remover el vello eran bastante agresivos y requerían la ayuda de sirvientes o compañeros. Había navajas de bronce pero perdían el filo rápidamente. Había pinzas para arrancar los pelos uno a uno... un proceso lento y doloroso.  También se utilizaban lámparas de aceite o cenizas calientes para chamuscar el vello superficial... Huelgan los comentarios...  Por eso algunos preferían las pastas depilatorias: mezclas abrasivas a base de cal viva y otras sustancias químicas naturales que disolvían el pelo. Todo un compendio de padecimientos en pos de la belleza.

Es importante diferenciar el vello corporal del facial. Mientras que el cuerpo debía estar liso, la barba en la Grecia clásica (antes de la llegada de Alejandro Magno) era un símbolo sagrado de madurez, sabiduría y virilidad para los hombres adultos. Los atletas jóvenes competían sin barba por su edad, pero al madurar la conservaban con orgullo, manteniendo siempre el resto del cuerpo depilado y aceitado.

¿Y qué onda los romanos?
Hay quien dijo que los romanos conquistaron por la fuerza a los griegos y los incorporaron a su imperio porque los helenos ya los habían conquistado culturalmente. Y en cuanto a la depilación, los latinos llevaron el temita al grado de obsesión.

En Roma, un cuerpo liso y libre de vello no era solo para quienes competían en la arena; se convirtió en el estándar definitivo de estatus socioeconómico, higiene y civilización para cualquier ciudadano romano de clase alta.

El epicentro del cuidado corporal eran las termas (los baños públicos). Casi todas las termas contaban con profesionales llamados alipili (depiladores). El escritor y filósofo Séneca, quien vivía justo encima de unos baños públicos, se quejaba en sus cartas del ruido insoportable del lugar, mencionando específicamente: «...el depilador de axilas, que emite un grito agudo y estridente para llamar la atención, y nunca se calla excepto cuando está arrancando los pelos y haciendo que su cliente grite en su lugar».

Los romanos perfeccionaron los métodos griegos. Además de usar las pinzas (volsella), popularizaron el uso de resinas y ceras calientes, así como unas pastas depilatorias llamadas droax o psilothrum. Estas pastas se hacían mezclando resina, brea, aceite y, en ocasiones, sangre de murciélago o hiel de erizo, bajo la falsa creencia de que retardaban el crecimiento del vello. Como se observa en el arte de la época, los atletas y gladiadores continuaron utilizando el estrígilo tras untarse en aceite para limpiar la piel, una técnica que requería obligatoriamente un cuerpo libre de vello para evitar tirones dolorosos.

A diferencia de los griegos clásicos, los romanos prefirieron durante siglos ir con el rostro completamente rasurado. El primer afeitado de un joven (depositio barbae) era una gran fiesta oficial. Esto cambió radicalmente en el siglo II d.C. con el emperador Adriano, un enamorado de la cultura griega que puso de moda nuevamente la barba densa en todo el Imperio.

O sea que ni el domino ni el gladiador del video podrían representar a personajes verdaderos de aquella época.

Pero todavía hay un error más grosero que aun no hemos mencionado.

Sexo y poder
Tanto en la Antigua Grecia como en la Antigua Roma, las relaciones sexuales entre hombres eran sumamente comunes, pero la forma en que se entendían era radicalmente distinta a la noción moderna de orientación sexual. El concepto de «homosexualidad» como una identidad no existía. Lo que determinaba el estatus, la decencia y la moral de un hombre no era con quién se acostaba, sino el rol que asumía en el acto y el estatus social de su compañero.

Entre los ciudadanos de estatus importante, adoptar el rol pasivo no solo era inusual, sino que estaba profundamente estigmatizado y podía destruir carreras políticas completas. La regla de oro en el mundo clásico era muy clara: el hombre libre de clase alta siempre debía ser el penetrador y nunca el penetrado. Así funcionaba este código de poder y estatus en ambas civilizaciones.

Imperio y pederastia.
Para los romanos, la sexualidad era una extensión de la política y el poder. El ciudadano romano (vir) se definía por su dominio. Él tenía el derecho absoluto de penetrar a cualquier persona de estatus inferior: esclavos, esclavas, libertos o prostitutas. El rol activo era visto como la máxima expresión de masculinidad, control y poder. Que un emperador o un senador tuviera relaciones con hombres (jóvenes esclavos) era considerado completamente normal y no afectaba su reputación. Sin embargo, si un ciudadano romano libre asumía el rol pasivo, estaba renunciando simbólicamente a su condición de hombre libre y soberano. Se consideraba que se dejaba «dominar», rebajándose al nivel de un esclavo o una mujer (mensaje para Beau Butler).

El ejemplo más famoso de este estigma lo sufrió el propio Julio César. En su juventud, pasó una larga temporada en la corte del rey Nicomedes de Bitinia. Los rumores de que César había sido el amante pasivo del rey lo persiguieron toda la vida. Sus opositores políticos en el Senado lo llamaban despectivamente «la reina de Bitinia», y sus propios soldados, durante los desfiles triunfales, cantaban con burla: «César subyugó a las Galias, pero Nicomedes subyugó a César». A pesar de su enorme poder militar, ese rumor fue una mancha perenne en su reputación porque atacaba su virilidad romana.

Por otra parte, en la Grecia clásica (especialmente en Atenas), existía una práctica educativa y social llamada pederastía, que consistía en la relación entre un hombre adulto de la élite (el erastes o amante) y un joven ciudadano adolescente (el eromenos o amado).

El joven (que aún no era un ciudadano con plenos derechos) adoptaba el rol pasivo. Sin embargo, para proteger el honor futuro del joven, el coito anal no era la norma idealizada; se prefería la conversación, el cortejo y la gratificación intercrural (frotar el pene entre los muslos del joven). De todos modos, esta práctica era de preferencia pero la tradición no condenaba la penetración que todos conocemos.

Cuando al joven le crecía la barba, la relación pederasta debía terminar de inmediato. El joven pasaba a ser un hombre adulto, se casaba con una mujer para tener hijos y, si lo deseaba, asumía el rol activo con un nuevo joven.

Los euriproctos y los katapúgones
Si un hombre griego adulto continuaba prefiriendo o buscando el rol pasivo en sus relaciones, perdía el respeto de la sociedad y se lo tildaba de Eurýproktos. Este era un insulto griego que se traduce literalmente como «culo abierto». Era frecuentemente empleado en la comedia ática (popularizado por Aristófanes) para atacar a oponentes políticos, poetas e intelectuales, estigmatizándolos como hombres que adoptaban el papel de receptores pasivos en relaciones homosexuales masculinas.

En Atenas, un ciudadano que fuera conocido por ser pasivo de manera habitual podía perder legalmente sus derechos políticos, quedando inhabilitado para hablar en la asamblea o ejercer cargos públicos, ya que se consideraba que alguien que no podía controlar su propio cuerpo no era digno de gobernar a otros. En este caso, de euriprocto se transformaba en katapygón, una condición aun más reprochable que la anterior.

Curiosamente, estos hombres de tan mala fama (los katapygones) eran señalados con un gesto que en nuestros tiempos todavía conocemos muy bien. Katapygón está formado por el prefijo kata, que significa «hasta el fondo», y pygé, que significa «nalgas». No era otro que el gesto obceno del dedo medio levantado. El tan conocido fuck you. Los romanos lo llamaban digitus impudicus jajajaja.

En resumen, los hombres importantes del mundo antiguo tenían total libertad para disfrutar de relaciones con otros varones, siempre y cuando mantuvieran intacta su posición de dominación física y social. Ser pasivo significaba ceder el control, algo que la élite patricia romana y los ciudadanos griegos consideraban incompatible con el poder.

Por fortuna, el video que compartimos hoy sirve solo como entretenimiento... ¿O será que el gobernador griego ha decidido tirar la chancleta y dar rienda suelta a sus gustos ocultos sin dar entidad al «qué dirán»? Vaya uno a saber... jajajaja.



           

           

           


           

           

           


           

           


           


     


           


           

           

           

           


           

     

           

     

           

           

     

     


           

           

           


           


           

           

           

           



           

           

           

     

           

           

     









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